La oficina sin horarios

© Marco Covi

Mi oficina puede estar en todas partes y en ninguna en concreto. Como la tecnología se ha convertido en algo ligero y operativo, cada vez necesito menos las herramientas tradicionales de una oficina—como mon- tones de papel, pizarras o grabadoras—y busco espacios flexibles donde instalarme.

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Cuando viajo, la silla cómoda de un lobby de hotel me resulta tan válida para trabajar como mi escritorio de editor o nuestra sala de conferencias. Realizar una entrevista o una reunión con un cliente en un café o tomando una copa en el bar del hotel crea una impresión de familiaridad doméstica, incluso cuando estoy lejos de casa.

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En el sofá del lobby me tomo un breve descanso entre reuniones, contesto a unos e-mails o me tomo un cafe rápido antes de dirigirme a mi próxima cita.

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Gracias al WiFi me conecto con mi oficina central: puedo viajar por todo el mundo e informar sobre las aventuras del día desde mi laptop mientras veo como llegan nuevos huéspedes al hotel dispuestos a pasar la noche.

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Esta oficina improvisada es mi nido: un lugar cómodo, con todo lo que necesito para trabajar a mi alcance y con una conexión con mi oficina tan fácil que a cualquier mensaje sigue una respuesta.

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«Mi trabajo me lleva por todo el mundo. Cuando estoy viajando, un lobby o un café donde puedo sentarme un momento y revi- sar mi correo electrónico puede ser justo lo que necesito.»

Patrice, editor de una revista.

Brief N°4 Vol. II — Work/Life

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